Un Humano con mucha humanidad

Hoy celebraríamos los “taytantos” de nuestro Mariano López Salazar en lucha y de manera reivindicativa como en años anteriores… Nos dejó el pasado 19 de febrero de 2020 para quedarse en muchos de nuestros corazones. Y aún hoy no nos dejaría rendirnos en la carrera de obstáculos que debemos superar para conseguir esa justicia social, ese otro mundo posible y que la vergüenza cambie de bando, como solía decir.

Con toda la humildad y el cariño que nos une, publicamos esta entrada en su memoria, con el permiso de quien suscribe esta carta, su hija primogénita Sara López, una de esas hadas que existen despierta y en pie, fuerte y luchadora como su padre:

Mi padre no era el padre del año…

Era un poco desastre, enseguida se ponía nervioso, no sabía peinarme y nunca se acordaba de qué clase extrascolar me tocaba cada día. Más bien era un padre bastante peculiar.

Hacía trampas jugando al UNO, se saltaba casillas en el parchís, me dejaba comer cucharadas de colacao. Si le tocaba cocinar a él, el menú siempre era “papas fritas y huevo”.

Siempre tenía un as bajo la manga para hacerme reír o para hacerme pasar vergüenza, eso le encantaba…  No me contaba cuentos, pero me despertaba con música y me decía que “toda música tiene su cuento”

Con él no habían muchas reglas, bueno sí, sólo una, SENTIRSE LIBRE.

Me dejaba disfrazarme todos los días y poner la habitación patas arriba. Era de esos padres que te apoyaban con la teoría “hacer la cama es una tontería”
Siempre tenía el mando de la tele, la única manera de conseguirlo era negociar y debatir con él, creo que de ahí me viene el poder de convicción que tengo…

No me enseñó a resolver los problemas matemáticos ni a hacer los deberes, me enseñó mucho más, me enseñó valores.

Valores que hoy forman mi persona. Me enseñó a respetar todas las culturas, a ver lo positivo de la vida, a mirar más allá, a ser valiente, me enseñó a cuestionar y a cuestionarme. Él confiaba en mí, nunca juzgó mi camino ni me impuso quién tenía que ser, simplemente me dejó ser.

A veces pensaba “¿porque no tendré un padre normal?” Pero ¿para qué?

Un padre normal no te enseña Madrid en un 15 M, ni te recita a Julio anguita, ni te despierta con música de Paco Ibáñez o del Zíngaro. Ni cambia las manualidades de cole por pancartas…

Me enseñó a valorar lo esencial de la vida, lo mágico. Me enseñó que no hace falta tener un castillo para ser una guerrera, me enseñó que en la vida sólo hace falta coraje, amor y una buena dosis de revolución.

Un padre normal hubiera sido muy aburrido.

Hemos tenido temporadas de todos los colores, imagino que como cualquier relación de padre e hija, pero con el tiempo fui entendido quién era. Mi padre era Mariano, un alma libre, un torbellino, una persona con mucho arte para darle la vuelta a la tortilla. Un personaje de esos que te hacen reír hasta doler los pómulos. Un activista con mucho corazón. Tenía consuelo para todos y daba igual cuál fuera tu lucha, pero si era injusta, él estaba ahí para luchar contigo.

Era un buen aliado.
Era Fiel a los suyos y a sus ideales. Tenía luz en su mirada y una labia que enamoraba. Y así enamoró a mi madre.

¿Sabéis la frase que más me decía?
“La dignidad no la hace el dinero, sino lo que tienes dentro”

Él sentía un amor revolucionario y cuando lo comprendí, empecé a admirarlo mucho más. Veía cómo se dejaba la piel por salvar la dignidad, los derechos y por la justicia social. Quizá sus maneras no gustaban a todo el mundo, pero os aseguro que todo lo hacía con mucho coraje y corazón.

Mariano desde pequeño ha sido un niño risueño y travieso, mi abuela no ganaba para zapatillas. Pero tenía un poder sobrehumano y sabía ganarse el corazón de cualquiera.  Y se ganó el de mi abuela y mi abuelo, el de sus hermanos, el de cuñada, el de mi madre, el de su sobrino, el de sus hijas y el de todos vosotros. 
Y hasta el último momento estuvo dando órdenes revolucionarias.

Así era él. Un moreno de sonrisa contagiosa, un hombre con mucho carisma, Un padre peculiar y un humano con mucha humanidad.

 

Sara López, 21 de febrero de 2020

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Hasta en el cielo de un domingo como hoy, 7 de junio de 2020, el cielo no ha parado de tronar y de llorar porque… ¡cómo temblarían los fascistas y burgueses con uno, dos o tres mil Marianos!

Las palabras que Manolo Cañada le dedica hoy, resumen el sentimiento colectivo del vívido recuerdo de un gran hombre, un corazón a la escucha y una mano tendida siempre a cualquiera que pudiera necesitarla…

Porque con nosotras vas y contigo vamos Mariano…

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Mariano cumpliría hoy 54 años…

Ya peleé mis tres primeros rounds de la quimioterapia, pero todavía me falta el cuarto y último. Me anuncian que me espera un tal Mike Tyson. Me suena. Creo que es un tipo que me envía anónimos pidiéndome clemencia”. Esto escribía Eduardo Galeano, en los últimos meses de su vida, cuando ya la parca le rondaba definitivamente. Así era Mariano también. Él, al bicho que le corroía, le llamaba IBEX 35. Peleó, lo burló y lo rindió durante más de dos años. Y jamás perdió aquella risa que estallaba, que nos daba alas a todos.

En enero de 2018 Marta, Toni y yo estuvimos cinco días en su casa, en Sant Vicenç, tomada como centro de operaciones para impulsar en Cataluña la Marcha que emprenderíamos en marzo. La policía le había denunciado hacía pocos días. Le pillaron enganchando la acometida a una familia a la que habían cortado el agua. Estaba ya muy enfermo, con dolores que le derrengaban a veces, pero todavía seguía poniendo el cuerpo contra la injusticia, con coraje, sin miedo a las represalias.

Noches de debates intensos, interminables. Y también de poemas, de confidencias. Conspirando juntos, aquí en los suburbios de la rosa de fuego, pisando las huellas de la Canadiense. Mariano, siempre la boca contra la grama.

– “¿Perejil o cilantro?, preguntaba. Había comprado un montón de plantas y le gustaba rociar las comidas con toda clase de “verdolagas”. Recordaba también lo bueno que hacen el pestorejo en Extremadura, en Mérida: “Para los que no tenemos dientes”.

En marzo se incorporó a la Marcha al quinto día, contra la recomendación de los médicos. Y, a pesar de que insistíamos en que durmiera en la casa de los compañeros, se empeñaba en hacerlo en los pabellones, en los fríos locales donde dormía toda la gente. La grandeza de un hombre que combate el cáncer luchando con sus hermanos de clase contra la miseria. La risa de Mariano levantando y fortificando el ánimo de todos. 

Mariano, raíces y alas. Alas arraigadas en el pueblo que más sufre. Y raíces que vuelan colmadas de rebeldía. Puente, faro y pegamento de las luchas de la gente humilde. Eras la fraternidad de los nadie. 

Somos, cada uno de nosotros, un brote de tu alegría y de tu dignidad…

En memoria de Mariano López Salazar, activista de la Marea Básica contra el paro y la precariedad, padre, hermano, amigo, confidente… y un humano con mucha humanidad.

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