El planteamiento de la renta básica surge en los años 80 del siglo XX en el momento quizá de mayor desarrollo del estado de bienestar -pero también en el momento en el que lleva algunos años ya planteándose el neoliberalismo, que ataca los desarrollos sociales anteriores y va a proceder, en esa década y las siguientes, a su progresivo desmontaje-. Claro es que las ideas y justificaciones ético-políticas de la renta básica, son desde luego anteriores e incluso bastante anteriores.

 

El estado de bienestar o estado asistencial, en perspectiva histórica, es una experiencia efímera de la humanidad, sólo verdaderamente instalado en la Europa del norte rica. En países como España es precisamente en ese momento histórico cuando se atisba algo, ya que hay un relativo proceso de modernización tras la dictadura y necesario lavado de cara de adaptación a los países del entorno europeo. Aunque ya con un lastre de partida, pues es cuando se inicia una ola de privatizaciones de los bienes públicos.

 

La renta básica se concibe entonces como una pieza que va a complementar o completar al Estado de Bienestar, como un mecanismo de mayor justicia social con el que se va a alcanzar la universalidad de los beneficios de una seguridad social también universal. El sujeto de derecho ya no sería el trabajador/a o la persona “cotizante” sino la persona en sí misma, todas las personas. Del mismo modo que se había avanzado ya con el planteamiento de la sanidad universal en el que todas las personas serían igual beneficiarias y sujetos del derecho.

 

El problema, como decimos, es que ya en esos años se inicia el proceso de desmontaje del aparato que así denominamos como “estado de bienestar”. En los países donde no estuviera totalmente desarrollado, su implantación se va a quedar a medias y rápidamente comenzará la fase de privatizaciones y recortes.

 

Así las cosas, y aunque la idea de la renta básica incondicional va a seguir calando cada vez con mayor fuerza y en más personas, el problema básico con que se va a enfrentar es que difícilmente cabe añadirse una pieza nueva para completar su efecto en una máquina que precisamente se está desmontando. De hecho carece de sentido incluso mirar la máquina y pensar, con este tornillo estaría mejor, cuando al mismo tiempo se está aplicando incensantemente el destornillador sobre los demás tornillos para aflojarlos y finalmente desmontarlos.

 

Surge entonces -el planteamiento también es anterior-, la idea peligrosísima de la renta básica neoliberal, que viene a ser, sustituir todo el aparato que llamamos “estado de bienestar” (que ya de hecho se está desmontando tornillo a tornillo y pieza a pieza) por una única pieza renta básica, como si de un aparato en sí mismo se tratara. No hay ni qué decir quienes serán los que defiendan este planteamiento, que podrá llegar a confundir a algunos defensores bienintencionados de la renta básica incondicional.

 

Es por ello que los seducidos por la idea de la renta básica van a vivir este tiempo como un proceso frustrante donde sus anhelos de un mundo mejor y con mayor justicia e igualdad social se verán confrontados con unos tiempos de cada vez mayor injusticia y desigualdad. Por si fuera poco, se sucederán las crisis económicas y de todo tipo dentro del sistema. Un sistema que avanza a su descomposición y su colapso. Así, si la renta básica era avanzar en el proceso civilizatorio, la realidad nos muestra la mayor crisis civilizatoria de la historia conocida e incluso se avanza en el colapso de la propia civilización en sí. Resulta difícil de creerlo y aceptarlo después de siglos de veneración de las ideas de crecimiento y de progreso, donde se había llegado a creer que todo siempre iría a mejor por el progreso de la ciencia, de la técnica y hasta de los mecanismos de justicia social, donde bien podrían producirse crisis o altibajos pero que la línea general iba a ser siempre ascendente.

 

En esta sucesión de crisis la realidad nos muestra que la respuesta de los gobiernos es siempre recortar más los derechos y privatizar más y más los servicios públicos hasta dejarlo reducido todo a un verdadero simulacro. Cuanto más se produce esto más agudos son los gritos que reclaman la implantación de la renta básica. Incluso los neoliberales que abogaban por proceder a sustituir el Estado de Bienestar por la Renta Básica disimulan si ven que pueden ahorrarse incluso sustituir nada: simplemente desmontaje y privatización y allá te las compongas, todo lo más con una renta mínima condicionada a la sumisión y humillación total para unos cuantos.

 

Hasta aquí la renta básica como un planteamiento en el sistema o dentro del sistema.

 

Había surgido también entonces la necesidad de profundizar en el concepto o en el trasfondo de la idea de la renta básica. Ese trasfondo es una idea de solidaridad universal y apoyo mutuo. Donde todos los miembros de una colectividad aportan, en función de su disponibilidad y sus capacidades, para que a su vez todos los miembros puedan ver cubiertas, como mínimo, sus necesidades básicas. Este trasfondo podría ser realizado, seguramente, con mecanismos no exactamente idénticos al de una renta monetaria; esto sería en función del tipo de colectividad y su funcionamiento económico, que podría llegar a ser incluso sin dinero. Claro está que no cabría pedir, en una sociedad que funcione sin dinero, que se implemente una renta básica en dinero; pero sí cabría pedir el cumplimiento de la máxima de solidaridad social y apoyo mutuo que se encuentra en ese trasfondo.

 

Sería entonces la renta básica como herramienta y elemento de construcción de un sistema alternativo al del capitalismo imperante. Sería también la explicación de porqué la idea seduce enormemente en los ámbitos del anarquismo que beben de Kropotkin y del apoyo mutuo. Ya no tanto una renta básica a implementar desde el estado burgués, como un derecho individual burgués, sino un derecho también de las colectividades y comunidades, un derecho social para administrar colectivamente la riqueza común y al mismo tiempo satisfacer esas necesidades básicas individuales. De ahí seguramente el planteamiento de una renta básica emancipatoria, de una renta básica de las personas iguales, con su parte individual y su parte colectiva, en el reparto o redistribución y gestión de la riqueza o bienes comunes.

 

Este planteamiento surge en contraposición nítida al de la imposible renta básica dentro del sistema y que además viene funcionando como un señuelo en el que sencillamente no se debe creer o no se puede creer cuando se toma conciencia de lo que es el capitalismo y la función que en los sistemas de dominación cumple el estado. Surge como una manera de quitarnos el velo de los ojos; ese velo que nos impide ver la realidad tal cual es.

Un planteamiento que se podría y debería intentar en un posible contexto de cambio y de transformación, o también como una forma de resiliencia, en pleno colapso civilizatorio; un cambio que no abarcaría tan sólo esta mera cuestión económica, sino otras, de todo tipo, de cómo nos autogobernamos o autogestionamos, de la democracia directa, de la ecodependencia e interdependencia, de los cuidados, de la conservación del patrimonio natural, de cómo afrontamos la crisis climática y el deterioro general de las condiciones de supervivencia, etc., pero que será de todo punto ilusorio confiar en que nadie nos la ponga desde ningún gobierno, porque además no sería eso.

 

Jorge Martín Neira (Fantomas Mabuse)

 

Jorge Martín Neira ha sido hasta ahora un activista por la Renta Básica Incondicional y la Renta Básica de las Iguales. Ha desarrollado su activismo en los contextos de la Iniciativa Ciudadana por una renta básica europea (2013), Iniciativa Legislativa Popular por la Renta Básica Estatal (2014-15) y el movimiento social Marea Básica contra el paro y la precariedad, desde esa fecha.
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